miércoles, 23 de mayo de 2012

Desde Islandia - Capítulo 1



Pues empezaré por resolver algunas curiosidades: Islandia es un país en el que no hace tanto frío de media, que no tiene ejército y en el que disponen de fuentes energéticas naturales y muy baratas que son la clave de su economía. La gente es muy interesante,  aunque hace cosas que nosotros no haríamos, como quedarse paralizados delante de la tele cuando retransmiten las eliminatorias previas de Eurovisión (como si fuera una final de fútbol) y reunirse después del trabajo en piscinas termales en lugar de tomando unos potes. Y, por cierto, es un país que no creo que nos sirva de ejemplo en cuanto a la forma de salir de la crisis; por un parte, tiene tan poca población que casi se parece a una comunidad de vecinos grande y, por otra, la forma y las causas de entrada en la crisis son muy diferentes.
Pero bueno, la cuestión es que ya estamos aquí y que estamos en marcha con la evaluación para EFQM. La empresa es grande e industrial (hasta aquí puedo leer…). Y, por lo demás, los primeros pasos son los de siempre; poner en marcha el equipo de evaluación (personas de muy diferentes culturas que casi no nos conocemos y en las últimas semanas sólo nos hemos comunicado por mail), mantener la primera reunión con el equipo directivo, confirmar la agenda y mantener las primeras entrevistas de evaluación. Y, por supuesto, intentar conocer algo el entorno, … .
Y para evitar tener que explicarlo muchas veces: prácticamente no hacemos nada más que ir del hotel a la empresa y de la empresa al hotel. Vamos, que no da tiempo a hacer turismo. Pero sí da tiempo a conocer la cultura del día a día de la gente que vive aquí. Y a contrastar con lo que tenemos en casa y sacar conclusiones.
El primer paso en toda visita de evaluación es la reunión inicial con el equipo directivo. Es un momento importante, pues hay que romper las típicas barreras iniciales y adaptarse al entorno. Los prejuicios son peligrosos pero inevitables y hay que superarlos. Y después vienen las entrevistas individuales con directivos, responsables de procesos, etc.. Y lo mismo. Hay que vencer las barreras iniciales y, en este caso, idiomáticas, al hacerse la reunión en inglés, que no es la lengua habitual de ninguno de los interlocutores.
Algunas primeras conclusiones:
En un país tan pequeños, donde la gente ha visto y está viviendo tan cerca la crisis y sus consecuencias, la reacción positiva de arrimar el hombro hacia el futuro es clara y casi unánime. Y esto también se ve en la empresa que estamos evaluando. Han afrontado proyectos importantes de futuro en los momentos más duros de la crisis, lo que les está sirviendo para asegurar el futuro.
Es un país pequeño y lejano de todo, pero muchos de los profesionales que estamos conociendo han estudiado fuera… y han vuelto. Y esto se valora mucho. Al fin y al cabo es una isla cerca del círculo polar… . Y saben que no se pueden cerrar al mundo, pero manteniendo lo que es suyo.
Y por la parte más técnica de la evaluación, digamos que he tenido suerte con el equipo. Y que creo que nos va a salir bien, pues estamos respetando unas reglas básicas: todos estamos participando en todo; es decir, cada uno no se ocupa sólo de sus criterios, sino también de los demás; hemos organizado parejas distintas para cada día de evaluación, garantizando de esta manera el flujo de información; y también estamos siendo estrictos en la puesta en común de lo hablado, como mucho cada dos entrevistas.
Pero bueno, no voy a aburrir con detalles de un proceso que no todo el mundo conoce. Por lo demás, he comido carne de ballena, he dado una vuelta casi al anocheceré con una luz de atardecer y he conocido las preocupaciones de la gente que aquí habita que no son muy diferentes de las nuestras.
Ya nos queda menos. En breve escribiré aquí como acaba esta aventura casi en el Polo Norte.

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