domingo, 27 de mayo de 2012

Vuelta de Islandia (Capítulo 2)


Me han contado que en Islandia se pueden hacer muchas cosas, …, bañarse en piscinas (o incluso lagunas naturales) de agua termal, acercarse al cráter de algún volcán, avistar ballenas, admirar cascadas alimentadas por glaciares, …, pero yo no he visto nada de eso. Un poco de Reyjkiavik (que se recorre en media hora andando) y nada más.
Pero bueno, no voy a hacerme el mártir. Es lo que había que hacer y ha sido muy interesante. Las siguientes líneas sólo interesaran a quienes tengan previsto participar en un proceso de evaluación, bien como evaluador o como evaluado. Algunas lecciones aprendidas (o ya conocidas anteriormente y reforzadas ahora) sobre el proceso de evaluación:
1.- Evitar los malentendidos. Lo mejor es no dar nada por hecho. A veces el evaluado no explica algo porque cree que el evaluador ya lo conoce y, otras veces, es el que evalúa el que da por sentado que la persona que está enfrente conoce lo que en el contexto del modelo EFQM se da por hecho. En fin. lo mejor es preguntar las veces que haga falta; más vale un “porsiaca” que cien “penseques”.
2.- Aclarar cuanto antes la información sobre resultados. En casi todas las ocasiones, y ésta no ha sido una excepción, cuesta tener el esquema claro de indicadores a evaluar y su clasificación. Y lo absurdo del tema es que cuanto menos claro esté, peor para el evaluado. Pues lo que no se conoce no se puntúa.. Pues bien; merece la pena aclararlo desde el principio, pedir el detalle de los indicadores que vemos que existen en la empresa y no estaban en la documentación inicial. Y sacar tiempo durante la visita para ordenarlos, analizarlos y, en caso de que sea preciso, pedir aclaraciones sobre los mismos.
3.- Perder tiempo en ajustar los criterios de puntuación. Siempre lo he tenido claro.  Al comenzar la sesión de consenso del equipo, merece la pena dedicar tiempo a poner en común las claves a la hora de asignar la puntuación. Máxime, cuando los evaluadores tienen orígenes y experiencias tan diferentes. Y en este caso también mereció la pena. Gastamos una hora en el primer subcriterio y no volvimos a dedicar ni un minuto a discutir la forma de puntuar. Por cierto, un día de éstos dedicaré una entrada a exponer algunas de estas claves, pues hay cosas que me siguen sorprendiendo.
4.- Dar libertad para discutir. Me da la sensación que en muchas ocasiones al que se atreve a disentir, corregir o discutir, se le tacha de que no sabe trabajar en equipo y que es una persona que entorpece el trabajo. Pues nunca me ha parecido bien este “bienquedismo”. En esta última ocasión, una de las claves ha sido dejar discutir y corregir. Y cortar la discusión cuando los argumentos están expuestos y el contraste agotado, y no con la excusa de que “se hace tarde”. Nos habrá llevado más tiempo, pero hemos logrado un consenso máximo y un estupendo ambiente de trabajo. El que entorpece al equipo es el que no aporta, nunca el que participa.
De hecho, teníamos previsto terminar antes y terminamos a las diez de la noche del último día (a menos de diez horas de coger el avión de vuelta). Antes ya habíamos tenido la reunión de cierre con el equipo directivo. Me tocaba a mí el papel de trasladar las conclusiones con lo mejor y lo mejorable, superando todas las barreras; el idioma, las expectativas, las distintas culturas de gestión, … . pero creo que salió bien. Al fin y al cabo, una de las mejores aportaciones del modelo EFQM es que sirve como “esperanto” empresarial, ayudando a traducir los conceptos en un esquema común, de forma que alguien nacido a orillas de Cantábrico entienda y asuma los mismos esquemas  que  alguien nacido en las estribaciones del Círculo Polar. Y es genial; ¿o no?.

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